miércoles, 21 de marzo de 2012

Mariposas y huracanes


Siento que el sol va a salir diferente hoy
Desde el sur, buscando el amanecer
Destapando el frío de tu ventana
Como aquel día de marzo
En que viniste al mundo

Y ahora podés verlo
Cegando tus ojos y diciéndote:
“Hoy es el día!”, pero no tiene nada de especial
Porque hoy…
Todos los días llevan tu nombre

Y cuando sientas que el mundo te derrumba
Tenés que levantarte
y demostrarles que sos invencible
Y cuando la vida irrumpe en angustia
Frená tu cabeza y sentí con el corazón
(Aunque eso duela)

Puede que no exista  un futuro
Ni un puto espacio para pensar el mañana
Pero el día empieza y no podés esconderte
Sabes que estás aquí por algo
Para iluminarnos con tu sonrisa

(Y en el fondo lo sabés)

Y ahora podés verte
Abriendo los ojos y diciéndote:
“Hoy es el día!”, pero no tiene nada de especial
Porque hoy…
El aleteo de una mariposa
Genera huracanes

Feliz cumple, mariposa
Recordá que el mundo  es tuyo

domingo, 18 de marzo de 2012

Kony

1789

Grande, Negro

No sé que tiene que ver con lo de la internacionalización, que, aparte, ahora que pienso, ese título lo habrán puesto para decir que una persona que logra decir correctamente in-ter-na-cio-na-li-za-ción es capaz de ponerse en un escenario y hablar algo —porque es como un test que han hecho—. 

Algo tendrá que ver el tema, éste, el de la malas palabras, por ejemplo, con éste, como el que decía el amigo Escribano (José Claudio Escribano). Se nota que es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado "escribano" para que se controle todo lo que se dice en ella. 

Es un aporte real en cuanto al intercambio. Me ha tocado vivir, cuando he tenido que acompañar a la Selección Argentina a partidos (de fútbol) en Latinoamérica. El intercambio que hay en esos casos de este lenguaje es de una riqueza notable; es más, en Paraguay nos decían "come gatos" que es, estrictamente para los rosarinos, "un rosarinismo". 

Un Congreso de la Lengua es, más que todo, para plantearse preguntas. Yo, como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué? ¿Quién dice qué tienen las malas palabras? ¿O es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas? ¿Son malas porque son de mala calidad? ¿O sea que cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿O, cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral? 

Obviamente, no se quién las define como malas palabras. Tal vez sean (ellas) como esos villanos de viejas películas —como las que nosotros veíamos—, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros, al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas. Lo que yo pienso es que brindan otros matices, muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para transmitir, para graficar algo; entonces: hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunas incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo. 

El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas, que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza, está en la letra t. Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTudo. 

Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. Yo tendría que recurrir a mi amigo y conocedor, Arturo Pérez Reverte, conocedor en cuanto a la navegación, porque tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere; entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba.

Amigos mexicanos con los que estuve cenando anoche me estuvieron enseñando una cantidad de malas palabras mexicanas. Ahora que lo pienso creo que me estaban insultando porque se suscitó un problema con la cuenta a la hora de pagar. Me explicaban que las islas Carajo son unas islas que están en el océano Indico. 

En España, el carajillo es el café con coñac y acá apareció como mala palabra, al punto que se llega a los eufemismos, se decía caracho; es de una debilidad absoluta y de una hipocresía... ¿no?

A veces hay periódicos que ponen: "El senador Fulano de Tal envío a la m... a su par". La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de la Lengua.

Voy a ir cerrando. Hay otra palabra que quiero apuntar que creo es fundamental en el idioma castellano, que es la palabra "mierda", que también es irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las docentes—, porque es mucho más débil como la dicen los cubanos: mieLda, que suena a chino, y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana—, le quita posibilidades de expresividad. 

Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso. Lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar. 


Roberto Fontanarrosa 

sábado, 17 de marzo de 2012

El inconsciente también predice

Ayer viernes, a las 18hs me tiré a dormir porque estaba hiper-cansado. Dormí como una marmota hasta las 23hs. Mi sueño fue:

"Estoy tirado en la cama. Los ojos, apesadumbrados, no pueden abrirse, por más voluntad que le imprima. Escucho ruidos en el techo, como pasos rápidos en dirección al fondo de mi casa. Está todo oscuro.


Me levanto como puedo, y de entre la oscuridad intento avanzar hacia la cocina. Escucho la voz de mi hermano,  no entiendo qué es lo que me está queriendo decir. En el fondo, la perra gruñe, hay una sombra de alguien que se ve está bajando por la escalera.


Tanteo el picaporte de la puerta del fondo. Lo giro: la puerta está abierta. Con toda la angustia y desesperación del mundo, intento cerrar la puerta, mientras intuyo que alguien que me aterroriza se está acercando. 


Logro cerrar la puerta. Corro hacia la puerta de adelante, para comprobar que esté cerrada. Pero está abierta de par en par y con la llave puesta. La cierro, giro la llave y queda trabada."

Me desperté a eso de las 23hs con una sensación de angustia terrible. Me levanté, fui a la cocina, calenté en el microondas una porción de pizza y me dispuse a cenar.

23.30hs. Me llama mi hermano. A su novia (mi cuñada, por extensión) le quisieron robar el auto mientras lo estacionaba enfrente del edificio de departamento donde conviven. En 10 min, llegan a casa, dejan el auto, por seguridad, en la cochera de mi viejo.

Mi cuñada contó que los dos chorritos se pusieron uno a cada lado del auto mientras quería estacionar. Forcejearon las puertas del auto, intentándolas abrir. Por suerte, estaban trabadas ambas.