
A todos nos pasó, nos pasa y nos pasará que nos agarra el panic attack frente a una hoja en blanco, algo así como estar en un campamento de noche, solo, y que el pelotudo de un amigo te asuste y te caigas de culo en el barro. Ok, esas cosas nos sucedieron solo a unos pocos, pero es la misma sensación. A continuación se describe una autoetnografía de un sujeto realizando un parcial domiciliario a contra-reloj.
En primer lugar efectuamos una visualización del enemigo. Blanco como la nieve. Acompañamos la situación de frases motivadoras, al estilo "Hija de puta, a mí no me vas a vencer". Así es, nuestro estado es tan deplorable que le hablamos a la pantalla en blanco.
Luego viene la fase de ordenación de las ideas. Bah, es una fase ideal, porque uno no siempre tiene las ideas ordenadas. O incluso más, todavia no tiene las ideas. Tomamos coraje, respiramos hondo y empezamos la escritura. 2/3 del tiempo se disuelven en ver como carajo empezamos la redacción.
Borro. Escribo. Borro. Escribo. Escribo. Escribo. Borro. Borro. Le erro al "Enter" y apreto el botón "Power". Uy, ¿qué toqué? "Windows debe cerrarse, procedemos a la recuperación de los archivos". La reputa madre! Empecemos de vuelta, a ver se recuperó... no! Bueno arranquemos de vuelta... ¿que había puesto?
Ok! Ahí va! De repente nos iluminamos y empezamos a escribir párrafo tras párrafo. Estamos iluminadísimos. El tipo pica por derecha, toma la pelota, avanza, gambetea, mete un pase. Mejor apago la tele, el partido me distrae. A ver por donde andaba... ah sí! Ya tenemos cocinado el parcial!
Luego de poner el último punto final, terminamos la redacción con un grito de orgasmo académico. Nos quedó hermoso! Se lo pasamos a un amigo vía e-mail para que vea nuestra obra maestra. Es ahí cuando ahí, con un "che, fijate que onda, está bien pero..." nos damos cuenta que:
1. Muchas frases están inconexas y parecen producto de un viaje de ácido lisérgico
2. Inventamos articuladores como 'paro', 'sen embargo', 'en este sensino'
3. Hay párrafos enteros de eterno divague que nada tiene que ver con la materia.
El punto 3 tiene su explicación. Según Carl Jung, existe un fenómeno llamado la criptomnesia (memoria oculta) en el cual escribimos sin darnos cuenta de lo que escribimos:
"Un autor puede estar escribiendo con soltura sobre un plan preestablecido cuando de repente se desvía tangencialmente (...). Si se le pregunta qué causó tal digresión, no sabrá decirlo. Sin embargo, a veces puede demostrarse que lo que escribió tiene un asombroso parecido con la obra de otro autor, una obra que él cree no haber visto jamás."

Así, mientras intentabamos redactar en forma coherente el papel de los símbolos en el ritual ndembu, vemos que en realidad escribimos un párrafo íntegramente robado de 'El antropólogo inocente', ya que hace un par de días te cagastes de risa leyendo como los dowayos le vomitaron el Renault 12 al pobre antropólogo pichón.
Así que llegado el momento de la revisión, decidimos insertar algunas citas de autoridad, para inconscientemente decirle al profesor: "¿Vistes? No estoy mandando fruta, al menos leí el texto". Re-estructuramos el texto. Se nos cuelga el Word. Se abre solo. Cambiamos o mejoramos aquello que está flojo y whoala!!! Un flan con crema. Pero hecho a base de ideas, divagues, cuelgues, reflexiones piolas, fruta, un gajo de limón. Y 40% de cara de póker.