
(…) El joven Charles inició su educación en su propia casa. Las listas de sus lecturas conservadas por la familia, atestiguan su precocidad intelectual: a los siete años leyó The Pilgrim’s Progress de John Bunyan. Se ha dicho que sufrió un trauma infantil cuando se le obligó a contrarrestar su tendencia natural a ser zurdo; no hay, sin embargo, ninguna evidencia de que haya sido así. Sí sufríó de otra discapacidad: un tartamudeo que tendría efectos perjudiciales en sus relaciones sociales durante toda su vida. También padeció sordera en el oído derecho a consecuencia de una enfermedad.
(…) El 4 de julio de 1862, Dodgson inventó el argumento de la historia que más tarde llegaría a ser su primer y más grande éxito comercial. Él y su amigo, el reverendo Robinson Duckworth, llevaron a las tres niñas de un conocido (Lorina, de trece años, Alice, de diez, y Edith, de ocho) a pasear en barca por el Támesis. Según los relatos del propio Dodgson, de Alice Liddell y de Duckworth, el autor improvisó la narración, que entusiasmó a las niñas, especialmente a Alice.
Después de la excursión, Alice le pidió que escribiese la historia. Dodgson pasó una noche componiendo el manuscrito, y se lo regaló a Alice Liddell en las Navidades siguientes. El manuscrito se titulaba Las aventuras de Alicia bajo tierra (Alice's Adventures Under Ground), y estaba ilustrado con dibujos del propio autor. Se especula que la heroína de la obra está basada en Alice Liddell, pero Dodgson negó que el personaje estuviera basado en persona real alguna.
Tres años más tarde, Dodgson, movido por el gran interés que el manuscrito había despertado entre todos sus lectores, llevó el libro, convenientemente revisado, al editor Macmillan, a quien le gustó de inmediato. Tras barajar los títulos de Alicia entre las hadas y La hora dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland), y firmada por Lewis Carroll. Las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de Sir John Tenniel.
El multitudinario éxito del libro llevó a su autor a escribir y publicar una segunda parte, Alicia a través del Espejo (Through the Looking-Glass and what Alice Found There). (…)
Ha habido multitud de especulaciones sobre la posibilidad de que Dodgson hiciera uso de drogas psicoactivas, aunque no existe prueba alguna que respalde esta teoría. No obstante, la mayoría de los historiadores consideran probable que el autor utilizase de vez en cuando láudano, un analgésico de consumo bastante común en la época, y que le ayudaría con el dolor de su artritis. Hay que señalar que esta sustancia procede del opio, y puede producir efectos psicotrópicos si es utilizado en dosis lo suficientemente grandes. Pese a ello, no existe evidencia alguna que pueda llevar a pensar que Dodgson abusara de los narcóticos, ni de que éstos tuvieran influencia alguna en su trabajo. Por otro lado, algunos han creído ver en las alucinaciones que sufre su personaje, Alicia, una referencia a las sustancias psicodélicas.
El personaje de la Oruga
Este cuento nos proporciona un repertorio de imágenes y personajes deslumbrantes y absurdos: El gato Cheshire, el Sombrerero Loco, el Conejo, La Reina de Corazones o la Oruga.
Particularmente, el personaje de la Oruga se nos presenta con aires orientales (que son maximizados y reforzados en la versión cinematográfica de Disney), fumando opio en un narguile, una pipa de agua utilizada ampliamente en el Cercano Oriente.
Aquí mostramos distintas representaciones del personaje:
Arriba: Ilustración original de Tannel, bajo la supervisión de Lewis Carroll
Arriba: Versión cinematográfica poco conocida

Arriba: Versión de Walt Disney de 1951
“Si el Conejo tenía siempre prisa, la Oruga se pasa la vida sentada en un hongo gigante fumando su misteriosa pipa. Es ocioso discutir si la Oruga representa o no al fumador de opio, droga frecuente (e incluso tolerada) en la sociedad victoriana inglesa. Representa en cualquier caso, al adulto que «pasa» del mundanal ruido piensa que ya no queda nada por hacer. La "curiosidad" de Alicia, tan alejada de las prisas del Conejo como del ocio de la Oruga, la mantiene eternamente ocupada... ¡y eternamente desocupada a la vez! “


