martes, 11 de diciembre de 2007

Comercio y adicción: De la India a la China

El día de hoy ampliaremos el impacto del opio en Oriente: no sólo el consumo, sino también la producción.

¿Y por qué desviamos la atención desde el centro europeo hacia miles de kilómetros en tierras “exóticas”? Pues bien, nuestra idea básica, al igual que la que plantea Eric Wolf, es la de interconectividad: el mundo constituye un total de procesos inteconectados, de manera tal que se busca romper con la concepción estática y clásica de la historia y hacer hablar a la “gente sin historia”. Por ejemplo: si queremos considerar el auge del consumo de azúcar en Inglaterra, tenemos que considerar la explotación de la caña de azúcar en Centroamérica y el comercio del té en China e India.
Concretamente, aplicaremos esta noción a nuestro análisis sobre consumo/producción de opio, basándonos en “Europa y la gente sin historia”, del antropólogo Eric Wolf:
“La consolidación política y económica de Inglaterra dentro de la India corrió parejas con la expansión de su comercio con China. Se movilizaron los recursos de la India para poder entrar en la casa de los tesoros del Oriente.
Durante los primeros años de su comercio con China, los ingleses compraron sedas, porcelanas y medicinas; quisieron pagar con lanas inglesas, pero no hallaron interés por ellas entre los chinos. (…) Como escribió en 1793 el emperador chino a Jorge III, ‘nada nos hace falta… ni necesitamos nada más de los fabricantes de su país’. El déficit de pagos creció aún más cuando en el curso del siglo XVIII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales agregó a la lista de mercancías codiciadas las serradas hojas de la planta de té.
Beber té, costumbre que los holandeses introdujeron en Europa, empezó en Inglaterra en 1664. (…) Todo este té debía pagarse en plata, lo cual hizo que la plata fluyera al Oriente como una ‘hemorragia crónica’ (…)

Así las cosas, en 1776, la Guerra de Independencia de EE.UU. privó a Inglaterra de plata mexicana. Al mismo tiempo, algodón proveniente del norte de China empezó a alimentar los telares chinos a precios inferiores a los del algodón de la India. La respuesta a las oraciones de la Compañía fue el opio de la India. (…)

El opio de Patna y Benarés, empacado en cajas hechas de madera de mango, cada una con unas 145 libras (65 kilos) de opio, se subastaba a agencias en Tank Square, en Calcuta. (…)
El tráfico de opio era secreto e ilegal, pero inmensamente provechoso. (…) Se ha calculado que al terminar el siglo XIX el 10% de la población china se había enviciado con su uso. Al fin, los europeos habían hallado algo que vender a los chinos.”