martes, 27 de febrero de 2007

Final de la Investigación sobre las Puteadas

Esta investigación ha llegado (provisoriamente) a su fin; pensar que todo esto del análisis salió en un principio como un chiste… las vueltas de la vida! Pues bien, aquí dejo mis conclusiones sobre lo que hemos investigado estos 4 meses en torno a los insultos:
Hipótesis y/o Conclusiones:
1. En el sistema de familia mediterráneo, la mayoría de los insultos giran, directa o indirectamente, en torno a la zona genital y/o anal.
2. El miembro fálico (léase pene) es concebido como símbolo de superioridad masculina.
3. Por lo general los insultos contienen agresiones (verbales) hacia las mujeres de la familia, que guardan el carácter sagrado de ésta.
4. Se detectaron ciertas similitudes en las referencias de los insultos de Argentina y México, que derivan de su pertenencia al sistema mediterráneo.
5. Los insultos se refieren también a aquello que la sociedad no ha aprobado, y se sitúa al receptor en una posición de ‘alteridad’, aunque no siempre es así (no hay insultos relacionados con la zoofilia).
6. En los insultos se plasman los estereotipos.
7. Un insulto que se profiere en ‘x’ momento de bronca y/o dolor refleja un determinado momento de control y descontrol del inconsciente al mismo tiempo: descontrol en cuanto a que sacamos lo escondido de adentro de uno, control en cuanto a que profiriendo las palabrotas logramos descargar cierta tensión, que en caso de reprimirse ocasionaría daños psicológicos en el individuo.
8. Los insultos poseen ciertas palabras especializadas con una especie de ‘efecto poético’: si se reemplaza por otras, ese efecto se pierde (Ej: reemplazar ‘pelotudo’ por ‘necio’)
9. Determinados gestos pueden ser insultivos aún sin ser acompañados de la palabra.
10. Rastreando en la historia de ciertas malas palabras se puede encontrar que tuvieron un uso o referencia diferente (Ej: la ‘pija’ era el mástil más largo de una embarcación, el ‘carajo’ un puesto de vigía, el ‘boludo’ aquel que llevaba boleadoras pequeñas).
Consideraciones metodológicas:
1. Si bien el campo del insulto parece un campo sumamente interesante para la investigación y el análisis, parece no estar demasiado desarrollado y/o difundido.
2. En relación a lo anterior, los trabajos más interesantes y completos fueron “El insulto y el genio de la lengua” de José Antonio Millán, y “Aproximación al tabú de las malas palabras” de Eloy Machado y Marta Ureta.
3. Falta una unidad de análisis propiamente dicha: ¿Qué analizamos? ¿Malas palabras, insultos, puteadas, putemas, tabúes lingüísticos o voces malsonantes?
4. Un trabajo completo requeriría de un enfoque interdisciplinario de sociólogos, historiadores, antropólogos, psicólogos, lingüistas, etc. En este punto es sumamente interesante las subdivisiones disciplinarias que plantea Millán.
Posible aplicación de la investigación:
. Observar en los adolescentes del Gran Buenos Aires, preferentemente en un ámbito educativo las siguientes cuestiones:
1. Por qué y para que putean los jóvenes.
2. La constante referencia a la sexualidad.
3. La función disruptiva que presenta (abre/cierra la comunicación), y que sucede cuando diferentes actores hacen uso de insultos (Ej: de profesora a alumno, de alumno a profesora).
4. El uso de símbolos fálicos y cómo se relaciona con la erotización (uno está erotizado cuando no mantuvo relaciones sexuales). Ej: en cuanto a los símbolos fálicos, es común que los chicos a esa edad dibujen penes con fibrones o liquid paper (líquido corrector de color blanco) en los bancos y mesas, y aquel que se sienta sobre uno de estos símbolos es considerado como un puto, un tragaleche, etc.
Investigaciones:
Equipo de Antropología en Buenos Aires:
Rodríguez, Anabella
Rodríguez Mamby, Luis
Ojeda, Luis
Hernandez, Gabriel
Panichella, Mauro
Equipo de Antropología en Misiones, Argentina:
Pauni Jones, Maitén
Equipo de Psicología:
Meza, Laura (única integrante!)
Corresponsales en México:
Mr. Magoo
Zamma
Colaboradores Ocasionales:
Flor
Anónimos
Bibliografía:
Millán, Jose Antonio:
“El insulto y el genio de la lengua”
Machado y Ureta: “Aproximación al tabú de las malas palabras”
Pitt-Rivers, Julian: “Antropología del Honor o Política de los Sexos”
Rodríguez Kauth, Angel: “Los Boludos”
Etc

viernes, 16 de febrero de 2007

El rol del gesto

Seguimos con el trabajo de Millán!!! He aquí que vamos a citar 5 casos expuestos por él, para ver como un apoyo gestual refuerza o potencia el contenido insultante de una alocución… o más aún: el solo hecho de hacer el gesto basta para provocar una reacción sin ser acompañado del insulto verbal.

"Huevón", "boludo", "pelotudo" es una expresión muy insultante en distintos lugares de Hispanoamérica (en España, sin embargo, "pelotudo" y "cojonudo" tienen connotación positiva).
Es de los contados insultos que tienen gesto propio: el de sopesar algo esférico: "La mano entreabierta en forma de amplio tulipán (dedos separados, puntas hacia arriba), a la altura del pecho, hace un movimiento lento, blando y repetido, de abajo-arriba y viceversa, por un recorrido de unos 5-10 cm.. Cuanto más largo el recorrido, más se intensifica semánticamente el gesto".


Los dedos extendidos en forma de cuernos indican "cabrón".

En 1832 Andrea de Jorio publicó La mimica degli antichi investigata nel gestire napoletano, curiosa obra en la que intenta deducir los significados de las actitudes corporales en las obras de arte clásicas a partir de los gestos de sus contemporáneos napolitanos. Entre ellos citamos estos dos:



Beffegiare (mofarse, ridiculizar): Con la punta del pulgar tocando la punta de la nariz, la mano abierta se agita en el aire. Este gesto indica que el otro es un tonto, alguien grosero o vulgar. Sin embargo, también se lo suele emplear para sugerir que la otra persona es un inocente e ingenuo, a quien se puede engañar fácilmente.

Más extraño es éste:


Stupido, asino (estúpido, burro). El pulgar se coloca cerca de la oreja, mientras la palma de la mano queda horizontal y oscila de arriba abajo, imitando de este modo las largas orejas del burro al que se alude. Con este gesto, la persona a la cual está dirigido es tachada de imbécil. Cuando el gesto se quiere exacerbar, indicando que alguien es muy imbécil, se realiza con ambas manos.



Antes de la Batalla de Agincourt en 1415, los franceses, anticipando una victoria sobre los ingleses, propusieron cortarles el dedo medio a todos los soldados del bando enemigo capturados. Sin el dedo medio, quedaban incapacitados para usar el arco de tiro largo (la famosa arma inglesa) y para combatir en el futuro.

Luego con el desenlace favorable a Inglaterra en Agincourt, los soldados ingleses alzaron sus dedos medios frente a los derrotados franceses, diciendo “Miren, todavía podemos usarlo!”.

viernes, 2 de febrero de 2007

El insulto y el genio de la lengua: Parte II

(Seguimos con el trabajo de Millán; aquí el autor propone una serie de disciplinas, o mejor dicho, de subdisciplinas o enfoques interdisciplinarios con el objetivo de poder analizar el fértil terreno de los insultos)

Una lexicografía del insulto estudiaría las constelaciones de expresiones que le pueden rodear, normalmente para amplificarlo ("más puta que las gallinas"). Además, reconocería una gradación a través de usos léxicos, acumulación de expletivos, o creación de nuevas expresiones. Por ejemplo, el insulto genérico "tienes poca inteligencia" presentaría la siguiente gradación: "tonto, idiota, tonto del culo, jilipollas, jilipollas perdido". Asímismo, señalaría que el primer miembro es aceptable (aunque "familiar"), el segundo tal vez "vulgar" y el resto serían "tabú". Estudiaría tanto los eufemismos y reducciones ("vete a la porra", o "…tu madre"), como las amplificaciones (la argentina "¡La reputísima madre que te recontra mil parió!"). Igualmente, recogería determinadas formas típicas, debidas a la pronunciación relajada o alterada por la situación emocional: "tonto’l culo; hijo-puta" (con la elisión de la d intervocálica y posterior simplificación del grupo vocálico).
La taxonomía del insulto distinguiría distintos tipos, según sentidos o situaciones.
Una poética del insulto descubriría los procedimientos amplificativos y prolongativos, tan próximos a los de la alegoría, que se pueden poner en juego. .
Una etimología del insulto rescataría los orígenes, a veces oscuros, de las expresiones utilizadas para herir al oyente: "mentecato" del latín mente captus, "falto de mente" o "gilipollas", tal vez del árabe yihil, "bobo".
Su pragmática debería tener en cuenta que igualmente es un insulto ejercitar cualquiera de las dinámicas que hemos repasado no ya sobre el oyente, sino sobre su entorno simbólico o social. Por ejemplo el emisor declara que realiza determinadas acciones nefandas sobre algo que representa al receptor, o sobre su parentela: "me cago en tu estampa, me cago en tu padre". Estudiaría el hecho curioso de que insultar a determinados parientes de una persona equivalga a insultarla a ella, y tal vez sólo a ella (cfr. "Tu madre será una santa, pero tú eres un hijo de puta"). También vería cuál es el grado de alejamiento léxico y sintáctico hasta el que se mantiene la ofensa.
Esta necesaria e inexistente disciplina observaría también que la utilización de expletivos negativos puede ser tomada como un insulto (compárese "Me tienes harto", con "Me tienes hasta los cojones", a lo que puede seguir la respuesta: "¡Oye!: sin insultar…"). Estudiaría las ocasiones típicas en que puede surgir un insulto, y cuándo es ignorado y cuándo se replica (y de qué manera: rebotándolo –"Y yo en la tuya"–, aumentándolo –"Y tú más"…). El estudio de las dinámicas conversacionales sería muy rico: por ejemplo, una reacción típica ante una expresión que podría constituir un insulto es devolverlo.
También se habría de notar la posibilidad de insultar in absentia (¿es un insulto para Fulano decir "Fulano es un berzotas" a Mengano?), o bien la posibilidad de que una emisión verbal cristalizada pueda insultar de por sí (un grafito de "Tonto el que lo lea" sobre una pared). Por último, vería bajo qué condiciones el insulto no es insultante, sino encomiástico ("qué hijo-puta que eres…, mariconazo").
A propósito, una dialectología del insulto anotaría cómo éste último uso sería hoy comprensible en Madrid, por ejemplo, aunque no en Barcelona. O bien el curioso trasvase de valores que experimenta la referencia a los genitales masculinos, de un polo al otro.
Una fonética del insulto estudiaría sus peculiaridades tonales y articulatorias, en parte fruto de una enunciación en estado de alteración, pero también debidas a la utilización de procedimientos de énfasis y reforzamiento fónico.
Una antropología del insulto reconocería la variabilidad cultural de todos estos elementos: desde la atribución de qué comportamientos constituye un insulto, hasta la extensión del árbol genealógico que puede ser afectada por el hablante. También serían su materia de estudio los intercambios ritualizados de insultos. Existen en muchos pueblos (son famosos los casos de los yoruba o los turcos), y con características similares: se practican sobre todo entre adolescentes, las respuestas deben mantener la rima y amplificar la agresión. En español existen casos así:
–¡Vete a la mierda!
–Estando a tu lado estoy en ella

o
–Me cago en tu padre.
–Y yo en el tuyo…
–El tuyo, que es más zurullo.

o el argentino:
– ... tu hermana.
–La tuya que es más baquiana...

Una sociología del insulto indagaría en las formas que adopta éste en su adaptación a nuevos procedimientos y sistemas de comunicación, por ejemplo, en la Red. En Internet han florecido no sólo nuevas formas de agrexión verbal, sino también viejos procedimientos, como el duelo o concurso.
Por último una historia del insulto estudiaría el entramado cambiante de los actos y las palabras utilizados para herir, y cómo se relacionan con las percepciones del papel del individuo y del género en la sociedad. Y, entre otras muchas cosas, estos estudios podrían contribuir a descubrir las bases históricas de prácticas hoy sólo verbales; por ejemplo: los fueros medievales de Alcaraz castigan con multa a quien se "cagare en puerta ajena".
Si se hubieran desarrollado todas estas útiles disciplinas veríamos cómo el campo del insulto mantiene zonas altamente fosilizadas y lexicalizadas, junto a otras abiertas a la creatividad, y de qué manera no toda atribución falsa –ni cierta– al oyente de un comportamiento rechazable es un insulto, y cómo ni siquiera la emisión de un insulto tiene siempre por qué constituir un insulto… Un jaleo, pues, pero un jaleo curioso y cuyo estudio pone en juego muchas categorías lingüísticas interesantes.